Cita en Pontevedra con Luciano Varela, el magistrado que expulsó a Garzón de la carrera judicial y que apadrinó las tesis principales de la sentencia del 1-O.

El magistrado que expulsó al juez Garzón de la carrera judicial ha firmado su última sentencia y es una de las más importantes de la historia de España. Y de las más polémicas. Luciano Varela se retiró como juez justo después de condenar por sedición a los líderes del 1 de octubre. Ahora disfruta de su finca en Villalonga, prepara a los futuros juristas y hace albariño para Martín Codax. Recibe a Crónica en su casa en lo alto de Pontevedra, a la que ha regresado tras un tiempo viviendo muy cerca de la madrileña Villa de París. Su despacho se parece muy poco al de un jubilado, lleno de documentos, libros y apuntes.

-De usted se decía que era un juez de los progres.

¿Sí? Pues hubo algún medio de comunicación absolutamente hegemónico en este país [El País] que empleó las peores expresiones para descalificarme.

Recuerdo un titular que seguro que le dolió: «El Supremo avala que Falange siente en el banquillo a Garzón».

El espíritu democrático de quienes dijeron eso es que la acción judicial no se les debe reconocer a quienes ideológicamente están en determinado espectro. Eso ya demuestra la capacidad de ese medio de sintonizar con los valores democráticos de la Constitución.

Siempre me ha sorprendido la naturalidad con la que los jueces aceptan la etiqueta ideológica.

Lo que no me he encontrado nunca es con un juez que no tuviese una marcada posición ideológica. Empezando por los apolíticos, que como todo el mundo sabe son de derechas. Un alumno me preguntó una vez si me habían nombrado magistrado del Tribunal Supremo por mi ideología. Le dije que yo llegué porque un determinado sector con poder político en ese momento había propuesto a Manuel Marchena como magistrado del Tribunal Supremo. Los del otro sector ideológico avisaron de que si insistían con Marchena, ellos me propondrían a mí. Esto es lo que debe ser. No para cualquier destino judicial, pero en el Supremo, que va a marcar jurisprudencia, hay que asegurar el pluralismo. Le puedo confirmar que todos y cada uno de los nombramientos del TS son fruto de las transacciones.

-¿Garzón es un juez progresista?

Esa pregunta estaría bien hacérsela a él. Donde yo puse mi firma respecto a Garzón es en dos cosas. Una, en lo de la memoria histórica. Fue juzgado y absuelto, pero en una sentencia que dice que lo que hizo es notoriamente contrario a derecho aunque no fuera delictivo. Lo otro que firmé es que él autorizó la intervención de unas conversaciones de un recluso con su abogado y eso no hay sociedad democrática que lo tolere, salvo en determinadas situaciones que en absoluto se daban. Ahí sí fue condenado y expulsado de la carrera por un tiempo. Le añado algo. Mi firma está en la expulsión de la carrera de más de media docena de jueces y uno era el hijo de un gran amigo mío, con mucho dolor por mi parte. Siempre he dicho que la carrera judicial tenía que empezar por hacer una revisión de quiénes debían permanecer en el escalafón y quiénes no.

¿Qué le parece que Dolores Delgado fuera nombrada fiscal general del Estado?

Debo reconocer que, desde el punto de vista profesional, para mí ha sido una sorpresa. Pero es una opinión irrelevante, la mía. Siempre pensé que era un cargo que exigía un alto estándar profesional. Lo importante es que goce de la confianza de quienes la han nombrado. Y que estén dispuestos a soportar las consecuencias, claro.

Ahora los jueces salen mucho en la tele.

Me produce un pudor escucharlos… Cuando me autorizaron dar clase en la facultad me pusieron una condición: a partir de las 15 horas; antes trabajas para la judicatura. Yo veo a los jueces a las 11, a las 12… siempre en la tele. Parece el consultorio de la señorita Pepis.

Varela se cierra en banda cuando se le mencionan las deliberaciones del tribunal que juzgó a los líderes del 1-O. «Las deliberaciones son secretas», insiste. No quiere confirmar lo que el periodista sabe: que fue Manuel Marchena quien acuñó el término ‘ensoñación’ como punto de encuentro para lograr la unanimidad, después de que el propio Varela apadrinase el argumento de que el procés fue un engaño y el magistrado Andrés Martínez Arrieta se mostrase reticente a aceptar esta última expresión. Varela ahora defiende con vehemencia que ‘ensoñación’ se ajusta bien a lo que fue el procés. De lo que no hay duda es de que impuso sus tesis y éstas recorren toda la sentencia.

A usted le atribuyen la teoría de la ensoñación, que es lo más célebre de la sentencia.

Se equivoca. Ahora no recuerdo exactamente el origen de la definición del procés como una ‘ensoñación’ pero sí sé que yo no aporto esa palabra al debate. El término que en mi opinión define en lo subjetivo la finalidad del comportamiento juzgado es el de «engaño». Aprovecho para decirle que Manolo Marchena es de lo mejor que ha pasado por esa sala en muchos años. Tiene una calidad profesional y moral a prueba de bomba.

No entendí que la sentencia hablara de ‘ensoñación’. Me pareció muy decepcionante.

Lo que deriva de la sentencia es que hay un engaño. Engañan a los ciudadanos con una promesa que saben que no se puede cumplir, de ahí lo correcto del término ensoñación. Lo único que quieren es doblegar a Mariano Rajoy.

Pero si están publicando leyes. La de Referéndum, la de Transitoriedad, son leyes, no sueños.

El papel lo aguanta todo. Eso forma parte del comportamiento delictivo como advierte la sentencia, no nos confundamos, pero lo hacen porque creen que con la publicación de esas leyes en el Diari Oficial de la Generalitat,las paredes de La Moncloa se van a resquebrajar y se va a derrumbar el edificio. Lo que les mandan es a la Guardia Civil y ahí constatan que no han logrado nada y acuden a la declaración unilateral.

¿Y si no se actúa?

Pero es que en ese momento la declaración ya es inviable. Vamos a ver, ¿usted se imagina un golpe de Estado en que le sacan una hoja del BOE y acaba todo? Llamar a eso rebelión es una desproporción que minimiza lo que hicieron Milans del Bosch y Tejero. Es una pura performance delictiva que sólo encaja en el tipo de sedición, de ninguna manera en el de rebelión. ¿Qué rebeldes eran esos?

La finalidad sigue siendo el referéndum y utilizan un ariete que es el procés. Menuda ensoñación.

Quieren forzar una negociación. Ese modo de actuar está fuera de las vías legales pero no es violencia. Vamos a ver, ¿la Hacienda del Estado siguió recaudando impuestos? ¿La Guardia Civil de Tráfico dejó de multar? ¿La administración que ejecuta la política del Gobierno de Madrid claudicó en su actuación? Es que ni corrió el riesgo de hacerlo. Como si el Diari Oficial publica El Cantar de mio Cid. Ese fue uno de los argumentos básicos en la deliberación, que se aceptó por unanimidad. En ningún momento existió la posibilidad de que Cataluña dejara de ser Estado español. Ni con lo que habían hecho, ni con lo que pensaban hacer.

¿No estaban creando estructuras de Estado?

La famosa agenda… O sea, que yo dibujo en un papel mi casa y ya tengo una casa. Las leyes que aprobaron eran absolutamente inviables. Ninguna cámara democrática habría aceptado semejante bodrio. ¿Eso quiere decir que fueron unos héroes? No, cometieron un delito y están condenados.

Otra cosa es que luego tengan un régimen penitenciario de risa.

Cuando una comunidad autónoma actúa notoriamente contra la legalidad del Estado, hay instrumentos para corregirlo. No se puede quejar quien puede activar los mecanismos de corrección. ¿Usted qué competencias tiene? ¿Prisiones? Pues aténgase a la legalidad penitenciaria. Si esto no se hace, quien se aquieta no se puede quejar.

Lo que ya se ha probado es que el 155 se puede aplicar con una placidez extraordinaria.

Sobre la fiscal general Delgado: «Una sorpresa. Siempre pensé que era un cargo que exigía un alto estándar profesional»

Sobre la fiscal general Delgado: «Una sorpresa. Siempre pensé que era un cargo que exigía un alto estándar profesional»

Vamos, lo que suele ocurrir con una rebelión de verdad. Que les vas con el BOE y los rebeldes salen pitando. Llegaron con una hoja del BOE y salieron como alma que lleva el diablo.

Cuando a Junqueras le dijeron que aquello había sido un engaño dijo: «¡Y una mierda!».

No nos podemos extrañar. Como no me extrañó el discurso que hizo ante el tribunal. Prácticamente nosotros éramos unos torturadores medievales que al gran líder de las libertades lo teníamos apresado. Bueno, y que además habíamos hecho el escarnio de no dejarle hablar en catalán. Lo cual es mentira. Le dijimos que podía hablar en catalán pero que iba a haber traductor. Pidieron que fuera simultáneo y dijimos que no, porque este era un juicio oral y público y cada palabra que ahí se dijera tenía que escucharla todo el mundo. Eso fue determinante: la publicidad. Cuando se dirige a la Asamblea Constituyente, Mirabeau tiene un discurso sobre el juicio oral que decía más o menos: «Haced que sea mi juez mi peor enemigo, que nada he de temer si todo lo que haga lo tiene que hacer en público». Fue una idea de Marchena: tele en streaming desde el momento en que el agente judicial diga «audiencia pública».

¿Fue la Justicia la que paró el golpe?

No, lo que paró el golpe fue el Gobierno, la Guardia Civil y la Policía. A mí cuando me dicen que he luchado contra el crimen digo: nunca en la vida. Los que han luchado contra el crimen son unos policías que cobran muy poco y se tiran horas en un coche vigilando. Nosotros llegamos cuando la batalla había terminado para ver quiénes delinquieron, si es que lo hizo alguien. Mala cosa si empezamos a responsabilizar al aparato judicial del devenir político del Estado. Los jueces llegan cuando todo ha terminado para hacer las cuentas. Nada me debe la patria, porque nunca la he defendido de nada. Me contentaría con defenderla de algunos activismos populacheros de baja estofa intelectual y dudosa catadura moral.

¿De la perspectiva de género que ahora tratan de enseñar a los jueces?

Por ejemplo. Mire, ahora hay adalides que defienden que los jueces debemos ser formados en la perspectiva de género porque si no seremos responsables de las violaciones, mutilaciones, asesinatos, etc. A mí un colectivo social no me puede decir que tengo que resolver conforme a sus convicciones de cómo es la sociedad. Es más, si esas ideologías no tienen enfrente un contrapoder, se acabó la libertad. Sea cual sea el ismo del que estemos hablando.

A mí un colectivo no me puede decir que tengo que resolver conforme a sus convicciones

SOBRE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO

¿El estado de alarma y el confinamiento han sido un reto para el Estado de derecho?

Que el estado de alarma dé lugar a un millón y pico de sanciones… Hay un ministerio [Interior] que está ocupado por un juez [Grande-Marlaska] que en este momento no es juez sino un político. Decir que incumplir una norma es desobedecer al que la dictó es una inaceptable teoría jurídica de tamaño descomunal. Hay un principio básico del derecho sancionador que es el de taxatividad o inequivocidad. No es concebible que una ley que establece una conducta sancionable no determine cuál es la sanción para esa conducta. Estoy muy lejos de ser crítico con la gestión de la pandemia, pero esto es ajeno a eso. Yo tengo constancia de policías locales de ayuntamientos cercanos que se convirtieron en verdaderos moralizantes que estigmatizaron en público a la gente arrogándose una función de control moral intolerable.

Cuando se le pregunta por todo el odio que ha cosechado durante su carrera, Varela replica que de cada sentencia surge inevitablemente un amigo y un enemigo. Él los tiene muy bien repartidos entre progresistas y conservadores. Ahora lo que tiene son alumnos y presume de que ninguno, que él sepa, se afilió a la asociación Jueces para la Democracia, de la que es fundador.